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Pequeñas infamias

Longevidad, divino tesoro

Carmen Posadas

Viernes, 09 de Enero 2026, 10:29h

Tiempo de lectura: 4 min

Hace un par de meses escribí un artículo sobre este mismo tema. En él, y bajo el título Longevidad, nuestra nueva religión, me asombraba de cómo todo el mundo toma como buenísima noticia el saber que, según la ciencia, pronto podremos llegar a vivir 120 años. Y es verdad: suena esperanzador, pero a poco que uno reflexione se da cuenta de que con esto lo que se alarga es la senectud, y al menos yo, que ahora tengo 72 añazos, no le veo el punto a ser una viejita encantadora otros 40 y tantos años más. Me alegra, por tanto, comprobar que los que más saben de longevidad abogan, simplemente, por que vivamos los años que nos toque con la mejor calidad de vida. Nada de tacataca y dodotis, ustedes ya me entienden.

¿Se puede revertir el proceso de envejecer? Según un estudio de Cambridge, sí

El doctor José Viña, catedrático de Fisiología de la Universidad de Valencia, que lleva años estudiando estos procesos y ha  publicado más de 350 estudios en las revistas científicas más importantes del mundo como Nature o Journal of the American Medical Association, además de ser director de la cátedra de Gerociencia de la UCAM,  es uno de los que apuestan por esta fórmula. En su libro La ciencia de la longevidad  comienza por explicar que, para hablar de este concepto, hay que saber primero a qué llamamos envejecer. Un proceso natural e irreversible que no es otra cosa que «los cambios progresivos que ocurren en el cuerpo con el paso del tiempo y que aumentan la probabilidad de enfermar y de morir». En ese sentido, me ha interesado enterarme de que, según recuerda el doctor Viña, la base para una vida larga y sana se establece antes de los 40 años. Por ejemplo, una persona de 20 años que fuma, bebe o lleva una vida desordenada no va a notar las consecuencias ni a los 30 ni a los 40, posiblemente tampoco a los 50, pero sí más adelante, porque existe una «memoria de envejecimiento» que hace que, tarde o temprano, los errores de años anteriores pasen factura. ¿Puede alargarse la juventud? Si ustedes se fijan, desde mediados del siglo pasado hasta el presente, la vejez se ha retrasado considerablemente. Puede decirse que hemos ganado cerca de 20 años de juventud; el aspecto de una persona de 30 años de entonces equivale (al menos en el aspecto externo) al de una 50 de ahora, mientras que los 40 de antaño son ahora los 60. Las razones son varias, pero una de las más importantes, aparte de que nos cuidamos más, es la medicina preventiva. Los chequeos y cribados que se realizan periódicamente –mamografías, colonoscopias, etc.–son fundamentales, porque detectar a tiempo una enfermedad es curarla o, al menos, retrasarla o cronificarla. ¿Pero se puede realmente revertir el proceso que lleva a envejecer? Según un estudio de la Universidad de Cambridge, sí, prestando atención a ciertos cambios en nuestro estilo de vida. El estudio antes mencionado hace recomendaciones tan simples como no fumar, comer frutas y hortalizas, hacer deporte moderado y beber un vaso de vino al día si está usted sano. O, dicho de otro modo, vivir más y mejor tiene que ver con la nutrición, el ejercicio y el control del estrés, incluyendo en este apartado el hecho de descansar y dormir bien. A estas recomendaciones se une la de tomar suplementos, pero vamos a concentrarnos en las otras tres, que son las fundamentales. Tradicionalmente, los pueblos más longevos (aquellos que habitan zonas como Cerdeña, Okinawa  o partes de Galicia) son los que cumplen  las antes mencionadas tres premisas, que se resumen en una: mejor calidad de vida. Son gente que vive cerca de la naturaleza, sin estrés, que come sano, duerme bien y «mantiene una actividad física, incluso en el trabajo». ¿Pueden replicarse estas condiciones en las grandes ciudades? Casi todas sí, salvo el estrés. El doctor Viña llama al estrés «el gran asesino» y explica por qué. Dos grandes eminencias del siglo XX desarrollaron el concepto de estrés y lo asociaban al 'síndrome de lucha o huida', que son las dos reacciones que tenían nuestros antepasados ante una amenaza, un ataque por parte de un depredador o un enemigo. En ambas situaciones (luchar o huir), el cuerpo, para protegerse, desencadenaba una serie de fenómenos físicos, como aumentar el nivel de glucosa en sangre y otros procesos para hacer frente a una situación límite. Pero las situaciones  límite de ahora son de otra índole y no se resuelven como cuando éramos cazadores y recolectores, de modo que estas secreciones que antaño eran útiles y ayudaban a sobrevivir, ahora solo sirven para producir estrés. Y combatirlo es una necesidad primordial si uno aspira a tener una vida larga y sana. El libro La ciencia de la longevidad tiene un subtítulo aún más explícito: Cómo vivir para envejecer mejor. Y sus recomendaciones y enseñanzas son las de alguien que ha dedicado más de cuarenta años de su vida al estudio de la longevidad. No las de un influencer,  un coach o un divulgador.  Hemos normalizado tanto que cualquiera hable de cualquier tema sentando cátedra que olvidamos que no es lo mismo la opinión de un científico que la de uno –o una– que pasaba por ahí.