
El proyecto Islero
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El proyecto Islero
Viernes, 15 de Diciembre 2023
Tiempo de lectura: 4 min
La España de la dictadura tenía los ingredientes para fabricar la bomba atómica: minas de uranio, físicos de primer nivel y voluntad política. Francisco Franco acarició la idea durante décadas, espoleado por los halcones en el Gobierno, el general Agustín Muñoz Grandes y el almirante Luis Carrero Blanco. La docuserie Matar al presidente (Movistar Plus+) y el documental El secreto atómico de Franco (RTVE) desvelan algunos detalles de este proyecto ultrasecreto.
Solo hay nueve países con arsenal nuclear. Y España aspiró a ser uno de ellos. ¿Por qué? Los expertos destacan dos factores. Uno es que el régimen hubiera optado a un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. El otro era exhibir un arma disuasoria definitiva en la defensa de Ceuta, Melilla y el Sáhara español. Incluso hubo planes para realizar ensayos nucleares en el desierto.
En 1958, Franco, acompañado por Carrero Blanco, inauguró unas modernas instalaciones en la Ciudad Universitaria de Madrid, financiadas por el programa norteamericano Átomos para la paz. Pero el almirante estaba obsesionado con los usos menos pacíficos de los átomos y encargó un estudio de viabilidad a Guillermo Velarde, catedrático de Física.
Velarde acató la orden porque no le quedaba otra, dada su condición de comandante del Ejército del Aire. «Presentía que aquella misión acabaría matándome a disgustos, así que la bauticé Proyecto Islero, como el toro que mató a Manolete», confesaría.
Velarde hace un sinfín de cálculos y presenta su informe en 1965, que prefiere no calificar como secreto para no levantar la liebre. Piensa que es mejor entregar unas hojas repletas de fórmulas matemáticas que nadie va a entender. Su conclusión es ambivalente. España disponía de las segundas reservas mundiales de uranio, aunque enriquecerlo era muy caro. No obstante, reciclando residuos nucleares de centrales que aún no se habían construido se podía disponer de un arsenal de unas 36 bombas de fisión de 20 kilotones... Casi el cuento de la lechera.
Otra posibilidad era usar plutonio de grado militar para hacer una bomba termonuclear (de fusión). Pero el mecanismo de ignición de la bomba H era el secreto mejor guardado de la Guerra Fría. Sin embargo, un giro del destino revivió el plan en 1966.
Un bombardero B-52 colisiona con un avión cisterna en el cielo de Almería y deja caer cuatro bombas de hidrógeno. Todavía se recuerda el famoso baño de Fraga en Palomares, pero nadie vio a Velarde y a su equipo, que rastrearon la zona antes de que llegasen los norteamericanos. Descubrieron unas extrañas “piedras negras” que se llevaron al laboratorio. Formaban parte del mecanismo explosión, que Velarde pudo reconstruir. ¡Bingo!
Faltaba el plutonio, pero Franco encontró un aliado inesperado en Francia. El gobierno presidido por el general Charles de Gaulle, empeñado en crear una defensa europea que prescindiese de la tutela estadounidense bajo el paraguas de la OTAN, cede la tecnología para crear una central nuclear de grafito-gas en Vandellós (Tarragona), capaz de generar hasta 200 kilos de este material al año. Con seis, ya se puede hacer una bomba…
Pero Franco temió sanciones internacionales y enfrió el proyecto. Además, el programa nuclear llevaba gastados 60.000 millones de pesetas. Una sangría… Pero el dictador tenía un as bajo la manga: España no firma el Tratado de No Proliferación Nuclear en 1968.
La CIA toma nota. Y sus informes son cada vez más alarmantes. Uno de los documentos ‘top secret’ del espionaje norteamericano señala: «España es uno de los países merecedores de atención. Tiene reservas propias de uranio, un extenso programa de reactores nucleares y una planta piloto para enriquecimiento de uranio». Y la mete en el mismo saco que a Irán.
El penúltimo episodio es el más intrigante. El Estado Mayor desempolva el proyecto atómico en los estertores del régimen. Y el secretario de Estado Henry Kissinger (recientemente fallecido a los 100 años) viaja a Madrid en 1973.
Se reúne con Carrero Blanco, que entonces era presidente del Gobierno, el 19 de diciembre. Kissinger le comunica el malestar de la Casa Blanca por la doctrina de disuasión nuclear española, que va por libre. La discusión se prolonga durante varias horas, aunque la ley de secretos oficiales todavía impide que se conozcan los detalles..
Al día siguiente, 80 kilos de Goma-2 explosionan al paso del coche oficial de Carrero Blanco y acaban con su vida, a solo 400 metros de la Embajada de Estados Unidos. ETA reivindica el atentado, pero todavía se discute si lo cometió en solitario o recibió ayuda.
La fabricación de la bomba atómica se frenó, aunque el proyecto se intentó rescatar, ya en democracia. El gobierno socialista lo enterró en 1981.